"Un discípulo de talante bastante religioso volvió de nuevo sobre el tema de la Escritura:
«¿Quieres decir que las Escrituras no pueden darnos ninguna noción de Dios?»
«Cualquier Dios que pueda encerrarse en una noción no es Dios en absoluto. Por eso es por lo que Dios es un Misterio: algo de lo que no tienes ni noción», dijo el Maestro.
«Entonces, ¿qué nos ofrecen las Escrituras?»
En respuesta, el Maestro le refirió cómo, mientras estaba cenando en un restaurante chino, uno de los músicos empezó a tocar una melodía vagamente conocida y cuyo título no podía recordar ninguno de los que estaban cenando con él.
El Maestro llamó entonces a un camarero y le pidió que averiguara qué era lo que estaba tocando el músico.
El camarero fue hasta donde estaba la orquesta, regresó a la mesa y dijo con aire triunfal: «El violín, señor».



