"El Maestro no era, ciertamente, un obseso de la etiqueta y las buenas maneras, aunque siempre daba muestras de una natural educación y elegancia en su trato con los demás.
Una noche, llevando al Maestro a su casa en automóvil, un joven discípulo se mostró especialmente grosero con un agente de tráfico, y en su propio descargo le dijo al Maestro:
«Prefiero ser yo mismo y que la gente sepa exactamente cómo me siento. . .
La cortesía no es más que aire. . .»
«Eso es verdad», dijo conciliador el Maestro, «pero aire es también lo que llevamos en los neumáticos, y fíjate cómo suaviza los baches. . . ».



