viernes, 5 de agosto de 2016

Guía diaria para acompañarnos en el camino




"El poder y alcance del mantra depende de la actitud del que lo repite. Así lo evidencia la siguiente historia.


Un eremita vivía a la orilla del río. Era alimentado por una lechera que todos los días le regalaba leche para su manutención. El eremita había concedido una mantra a la buena mujer y le había dicho:


--Repitiendo este poderoso mantra puedes ir a través del océano de la existencia.


Pasó el tiempo. Cierto día en que la lechera iba a cruzar el río para llevar la leche al eremita, llovió torrencialmente y las aguas del río se desbordaron. No había manera de pasar el río en barca. La mujer recordó lo que había dicho el eremita: 


“Repitiendo este poderoso mantra puedes ir a través del océano de la existencia”. Y se dijo a sí misma: “Y esto sólo es un río”. Repitió interiormente el mantra con mucho amor y motivación y comenzó a caminar sobre el agua hasta llegar donde estaba el eremita. 


Al verla, éste, muy extrañado, preguntó:
--¿Cómo has podido llegar hasta aquí si el río se ha desbordado?


La mujer repuso:
--Como me dijiste que con el mantra que me entregaste podía atravesar el océano de la existencia, pensé que sería mucho más fácil cruzar el río.


Recité el mantra y lo pasé caminando sobre las aguas.
Al escuchar esta explicación, el eremita se llenó de vanidad y pensó: “¡Qué grado de evolución debo tener cuando la lechera ha podido hacer esta proeza con mi mantra!”   


Días después, el eremita tenía que ir a la ciudad. Las lluvias monzónicas no habían cesado y el río continuaba desbordado. El eremita pensó que no había ningún problema. Si el mantra había funcionado con la lechera, ¿cómo no iba a funcionar con él?


Empezó a repetir el mantra y se lanzó a las aguas del río. Automáticamente se hundió hasta el fondo y pereció.


El Maestro dice: El ego es la muerte de lo más real que hay en uno mismo. No libera, esclaviza y ahoga.»


Cuentos clásicos de la India






***












"Para empezar, pasear no es lo mismo que recorrer una y otra vez un espacio de un extremo a otro, lo cual a fin de cuentas no es sino otra manera de desarrollar la obsesión de una idea o el hilo de una meditación. 


Después de todo, siempre puedo levantarme y andar cuando tropiezo con un problema. Pero entonces no me alejo a la fuerza, doy unos pasos, con los brazos a la espalda, asintiendo con la cabeza, y en cuanto el movimiento de mi cuerpo le ha dado un poco más de juego a mi mente —que ahora ya resuelve la dificultad, encuentra el orden ideal, construye la demostración correcta, da con la idea acertada—, entonces me precipito de nuevo a mi mesa de trabajo, hasta que me vuelvo a bloquear.»


Andar-Una filosofía-Fréderíc Gros


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