jueves, 27 de octubre de 2016

Guía diaria para acompañarnos en el camino



"El Maestro siempre permitía que cada cual creciera a su propio ritmo. Que se sepa, nunca pretendió "presionar" a nadie. Y él mismo lo explicaba con la siguiente parábola.


"Una vez, al observar un hombre como una mariposa luchaba por salir de su capullo, con demasiada lentitud para su gusto, trató de ayudarla soplando delicadamente.


Y en efecto, el calor de su aliento sirvió para acelerar el proceso.


Pero lo que salió del capullo no fue una mariposa, sino una criatura con las alas destrozadas.
Cuando se trata de crecer, concluyó el Maestro, no se puede acelerar el proceso, porque lo único que puede conseguirse es abortarlo.»


Anthony De Mello






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"Más típico, sin embargo, es el consejo del Obispo Teófano: «No os preocupéis sobre el número de veces que decís la Oración. Sea ésta vuestra única preocupación, que brote en vuestro corazón con poder creciente como una fuente de agua viva. Expulsad por completo de vuestra mente toda idea de cantidad.» 


La Oración se recita a veces en grupos, pero más comúnmente en soledad; las palabras pueden decirse en voz alta o silenciosamente. No debería haber nada forzado o estudiado en la recitación. 


Las palabras no deberían pronunciarse con énfasis excesivo o violencia interior, sino que se debería permitir a la Oración establecer su propio ritmo y acentuación, para que, a su tiempo, llegue a «cantar» dentro de nosotros en virtud de su intrínseca melodía. 


El starets Parfenii de Kiev comparaba el movimiento fluido de la Oración con el suave murmullo de un riachuelo.»

Kallistos Ware-El poder del Nombre


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