"De acuerdo con su doctrina de que nada debía ser tomado demasiado en serio, ni siquiera sus propias enseñanzas, al Maestro le gustaba contar la siguiente anécdota acerca de sí mismo:
Mi primer discípulo era tan débil que los ejercicios acabaron con su vida. Mi segundo discípulo se volvió loco por el fervor con que practicaba los ejercicios que yo le enseñaba. Mi tercer discípulo vio cómo se le embota el entendimiento por el exceso de contemplación.
Pero el cuarto discípulo consiguió conservar la cordura.
¿Y cómo lo logró?, solía preguntar alguien invariablemente.
Posiblemente porque fue el único que se negó a realizar los ejercicios. Y una unánime carcajada solía acoger las palabras del Maestro.»
Anthony De Mello
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"El Nombre es poder, pero una repetición puramente mecánica no conseguirá nada por sí misma. La Oración de Jesús no es un talismán mágico. Como en todas las acciones sacramentales, se requiere la cooperación de la persona con Dios a través de la fe activa y del esfuerzo ascético.
Somos llamados a invocar el Nombre con recogimiento y vigilancia interior, encerrando nuestras mentes dentro de las palabras de la Oración, conscientes de quién es a quien nos dirigimos y que nos responde en nuestro corazón.
Esta intensa oración nunca es fácil en las etapas iniciales, y está definida exactamente por los padres como un martirio escondido. San Gregorio el Sinaíta habla repetidamente del «control y trabajo» emprendidos por aquellos que siguen el Camino del Nombre.
Se necesita un «esfuerzo continuo»; serán tentados a abandonar «a causa del dolor insistente que proviene de la invocación interior del intelecto.» «Te dolerán los hombros y a menudo sentirás dolor de cabeza -advierte-pero persevera sin desaliento y con ferviente anhelo, buscando al Señor en tu corazón.»
Somos llamados a invocar el Nombre con recogimiento y vigilancia interior, encerrando nuestras mentes dentro de las palabras de la Oración, conscientes de quién es a quien nos dirigimos y que nos responde en nuestro corazón.
Esta intensa oración nunca es fácil en las etapas iniciales, y está definida exactamente por los padres como un martirio escondido. San Gregorio el Sinaíta habla repetidamente del «control y trabajo» emprendidos por aquellos que siguen el Camino del Nombre.
Se necesita un «esfuerzo continuo»; serán tentados a abandonar «a causa del dolor insistente que proviene de la invocación interior del intelecto.» «Te dolerán los hombros y a menudo sentirás dolor de cabeza -advierte-pero persevera sin desaliento y con ferviente anhelo, buscando al Señor en tu corazón.»
Kallistos Ware-El poder del Nombre

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