miércoles, 2 de noviembre de 2016

Guía diaria para acompañarnos en el camino



"A un viajero que preguntaba como podría distinguir entre un maestro verdadero y uno falso, le respondió lacónicamente el Maestro: Si tú mismo no eres engañoso, no serás engañado.


Más tarde les dijo el Maestro a los discípulos: ¿Por qué será que los que buscan dan por supuesto que ellos son sinceros y que lo único que necesitan es el modo de detectar el fraude en los Maestros?»


Anthony De Mello






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"En el Antiguo Testamento, como en otras antiguas culturas, existe una estrecha relación entre el alma de alguien y su nombre. La personalidad de uno, con sus peculiaridades y su energía, está presente de alguna manera en su nombre. 


Conocer el nombre de una persona es adquirir una percepción de su naturaleza, y por tanto una relación con ella incluso, quizás, un cierto control sobre ella. 


Esto es por lo que el misterioso mensajero que lucha con Jacob rehusa revelar su nombre (Gn 32, 29). La misma actitud se refleja en la respuesta del ángel: «¿Por qué me preguntas el nombre? Es misterioso» (Jc 13, 18). 


Un cambio de nombre indica un cambio decisivo en la vida de una persona, como cuando Abram se convierte en Abraham (Gn 17, 5), o Jacob se convierte en Israel (Gn 32, 28). De la misma forma, Saulo después de su conversión se convierte en Pablo (Hch 13, 9); y a un monje, cuando profesa, se le da un nuevo nombre, normalmente no de su propia elección, para indicar el cambio radical que experimenta.»

Kallistos Ware-El poder del Nombre


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