sábado, 21 de julio de 2018

Guía diaria para acompañarnos en el camino




"Jitoku era un excelente poeta que había decidido estudiar Zen, para lo cual concertó una cita con el Maestro Ekkei en Kyoto. 


Acudió ilusionadísimo al Maestro, pero en el momento en que se presentó ante éste recibió una bofetada que le dejó perplejo y humillado, pues jamás se había atrevido nadie a golpearle. 


Pero, como el Zen prohíbe decir ni hacer nada si no lo ordena el Maestro, salió de allí en silencio e, indignadísimo, se fue a ver a Dokuon, el discípulo, le contó lo sucedido y le dijo que pensaba desafiar en duelo al Maestro.


“¡Pero si el Maestro ha querido ser amable contigo...!”, le dijo Dokuon. “Métete de lleno en la práctica del "zazen" y lo comprobarás por ti mismo”.


Y eso fue exactamente lo que hizo Jitoku, ejercitándose durante tres días y tres noches con tal intensidad que alcanzó una iluminación extática muy superior a todo cuanto podría haber imaginado. 


Y Ekkei le hizo saber su satisfacción por el “satori” obtenido."


Anthony De Mello




***










G) Perseverancia


La oración perseverante a la que Jesús nos llama no ha de entenderse como una actividad a la que dedicamos todo nuestro tiempo y de forma exclusiva. 


En el mundo no es posible dedicarse de manera permanente, y al margen de cualquier otra actividad, a lo que denominamos ordinariamente oración.


Además, el Señor no puede llamar al contemplativo secular a una forma de oración que impida el desarrollo de una vida normal. 


Por eso hemos de entender su invitación a la oración perseverante como la disposición a vivir permanentemente consumidos por la pasión de Dios.


El ansia de Dios que Él ha infundido en el alma del contemplativo le lleva a éste a vivir sin descanso en constante búsqueda amorosa de Dios y de su voluntad.»


Fundamentos-Contemplativos en el mundo



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