"Cuando un invitado se ofreció voluntariamente a fregar los platos después de la cena, el Maestro le preguntó:
«¿Estás seguro de que sabes hacerlo?»
El hombre protestó enfáticamente que lo había hecho toda su vida.
Y el Maestro le dijo:
«No dudo de que seas capaz de dejar los platos limpios. Lo que dudo es que seas capaz de fregarlos» .
Y ésta es la explicación que más tarde dio a sus discípulos:
«Hay dos maneras de fregar los platos: una consiste en fregarlos para dejarlos limpios; la otra, en fregarlos para fregarlos».
Y, como todavía no quedaba claro, añadió:
«La primera acción es una acción muerta, porque tu mente está fija en la idea de dejar los platos limpios; la segunda es una acción viva, porque tu mente está donde está tu cuerpo».

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