domingo, 30 de julio de 2017

Guía diaria para acompañarnos en el camino




«¿Existe eso del 'amor desinteresado' ?», le preguntaron al Maestro. Y éste, en respuesta, narró la siguiente historia:

Cuando murió, el señor Buenazo tuvo que aguardar a la puerta del cielo mientras los ángeles examinaban los archivos referidos a él. Finalmente, el ángel encargado del registro le miró y exclamó: «¡Esto es fabuloso! ¡Es realmente inaudito! ¡En toda tu vida no has cometido ni un solo pecado, ni el más pequeño. . . ! ¡No has hecho más que actos de caridad! 

¿En qué categoría vamos a incluirte en el cielo? Por supuesto que no en la categoría de ángel, porque no lo eres. . . Tampoco podemos considerarte un ser humano, porque no has tenido ni una sola debilidad. . . No hay más remedio que enviarte de nuevo a la tierra durante un día, para que al menos puedas cometer un pecado. . . y regresar aquí como un ser humano».

Así fue como el señor Buenazo, disgustado y totalmente perplejo, se encontró de nuevo en una esquina de su ciudad, decidido a alejarse al menos un paso del sendero recto y estrecho.

Pasó una hora..., dos..., tres..., y allí seguía el señor Buenazo, preguntándose qué demonios tendría que hacer. Por eso, cuando una mujer pasó por allí y le hizo un guiño, él reaccionó con inusitada rapidez. 

La mujer no era precisamente un dechado de juventud ni de belleza, pero significaba para él su pasaporte al cielo; de modo que se fue a pasar la noche con ella.

Cuando amaneció, el señor Buenazo miró su reloj: debía darse prisa, pues no le quedaba más que media hora. Estaba vistiéndose a todo correr cuando, de pronto, se le heló la sangre al escuchar cómo la buena señora le gritaba desde la cama: «¡Oh, mi querido señor Buenazo, qué inmensa obra de caridad ha hecho usted conmigo esta noche!».

Anthony De Mello






***














"Tu mirada ha de ser solamente para Dios, tu deseo solamente para Dios, tu dedicación solamente para Dios; no queriendo servir sino a Dios solo, en paz con Dios, llegarás a ser causa de paz para los otros (San Simeón el Estudita, Catequesis menores).


Esta seducción de Dios es fruto de un encuentro con Él, que nos sale al paso en el camino de la vida. Se trata de un encuentro que se vive ya aquí y ahora, pero como anticipo y preparación de su plenitud que tendrá lugar en la vida eterna. 


Por eso, el contemplativo vive en la esperanza de la vida futura, como centinela que vigila, en medio de la noche, la llegada del amanecer.


El mismo nombre de contemplativo hace referencia a lo que constituye el eje de su vida, que es la contemplación. Y lo primero que hay que decir de ella es que el objeto al que se dirige la contemplación no es algo, sino Alguien: Jesucristo. Él es, para Dios, la imagen perfecta del hombre; y es, para el hombre, la imagen perfecta de Dios.»


Fundamentos-Contemplativos en el mundo


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