«La ley es la expresión de la voluntad de Dios y, como tal, debe ser honrada y amada», dijo el piadoso predicador.
«Qué necedad!», dijo el Maestro.
«La ley es un mal necesario y, como tal, debe ser reducida al mínimo.
Muéstrame tú a un amante de la ley, y yo te mostraré a un tirano con piel de cordero».
Y contó el caso de su hermana, que, cansada de empujar el cochecito de su hija, decidió ponerle un pequeño motor.
Pero entonces entró en escena la policía: como el cochecito podía alcanzar los seis kilómetros por hora, debía ser considerado como «vehículo automóvil», por lo que debía llevar matrícula, luces y frenos; y, sobre todo, la madre debía tener. . . ¡ carnet de conducir !."

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